CAPITULO 1
Las negras nubes cubrían el cielo oscuro que llovía fuertemente sobre aquel gran bosque. Sentada frente a la ventana de mi habitación, observaba el paisaje a lo lejos, en silencio, pensando, relajada. Los árboles se balanceaban al compás del viento, y por sus hojas resbalaban suavemente las gotas de lluvia. De pronto, la lluvia cesó.
Salí a respirar, a tomar el aire, aun siendo de noche y estar todo oscuro. Me dirigí hacia aquel bosque que tanto me llamaba la atención. Pisaba ramas y hojas que estaban en el suelo, y me caían las gotas que se resbalaban de las hojas de los árboles, humedeciendo mi pelo.
A pesar de la humedad del ambiente y del frío, me encontraba genial estando en ese bosque. No sentía frio ni miedo por la oscuridad, me sentía protegida por todos esos altos árboles.
En ese mismo instante, escuché pisadas por el bosque, haciendo crujir las ramas y las hojas caídas. Me giré para ver que aquello que había escuchado. Caminé entre los árboles intentando hacer el menor ruido posible.
Volví a escuchar pisadas, esta vez más cercanas y más profundas, que se dirigían hacia mí. Me invadió una sensación de terror, paralizándome por completo. Intenté tranquilizarme, pero me fue imposible, oía las pisadas tras de mí, alcanzándome. Lo único que hice fue cerrar los ojos.
Alguien pasó por mi lado.
Era un chico alto, pero no vi su cara. Fue como si yo no estuviera allí, porque pasó cerca de mí, rozándome ligeramente el brazo, pero parecía que él no se había dado cuenta de mi presencia.
Me desperté con una extraña sensación, como aturdida.
Desde mi cama podía ver a través de mi ventana llover con fuerza, como en el sueño, pero no sobre aquel bosque que tanto me había gustado y que aparecía en mi sueño, sino sobre un simple parque con columpios y bancos.
Fui hacia al baño. Al mirarme al espejo vi que mi pelo estaba húmedo, mechones castaños claros y ondulados caían sobre mis hombros ligeramente mojados. Habría sudado mientras dormía, pero me parecía extraño, era pleno invierno.
Me dirigí de nuevo a mi cama, era viernes, y solo me quedaban unas horas para dormir antes de tener que ir clase.
Mientras oía la lluvia caer contra el alféizar de mi ventana, el chisporroteo de las gotas me relajó, haciendo que me durmiera al instante.
Un estruendoso ruido hizo que saliera de aquella relajación en la que había caído gracias a las gotas de la lluvia, el despertador. Me costó levantarme de la cama, pero finalmente cedí. De mi viejo armario saqué unos vaqueros oscuros y una camiseta de cuello alto blanca, acompañando mi simple vestimenta con unos botines negros planos.
Fui a arreglarme un poco. No tenía buena cara, se me notaba muy cansada, y mi pelo parecía una maraña. Me había duchado la tarde anterior, pero parecía que mi pelo no me había acompañado en la ducha a juzgar por todos los enredos que tenía.
Rápidamente, me lavé el cabello y lo sequé con el secador. Hacía mucho frío, y si no quería caer mala, no me convendría salir a la calle con el pelo mojado. Me pasé el cepillo varias veces desenredándolo y lo dejé suelto, como más me gustaba.
Bajé los escalones que crujían a mi paso, para llegar a la cocina. Mi casa era una casa antigua, no sé cuantos años tendrían, pero sé que aquí vivieron mis abuelos cuando yo era pequeña. Recuerdo que veníamos aquí todos los fines de semana, cuando vivíamos en el centro de la ciudad, para estar en familia. A veces también venían mis primos y hacíamos grandes comidas familiares.
Toda la casa estaba en silencio. Mis padres deberían seguir durmiendo, pero me resultó extraño, ellos madrugaban mucho para irse a trabajar.
Llegué a la cocina y me preparé un bol de cereales integrales para desayunar, que me comí rápidamente, llegaba tarde a clase.
Cogí mi abrigo y mi mochila, y antes de salir de casa, miré por la ventana. Llovía a cántaros. Agarré uno de los paraguas que había en el paragüero del recibidor y salí de casa.
No había apenas nadie en la calle, era demasiado temprano, ni si quiera eran las ocho.
Me protegía de la lluvia con el paraguas que había cogido, pero me sirvió de poco, porque el viento hacía que no pudiera manejar el paraguas, de manera que me acabé mojando.
Las aceras estaban muy escurridizas, tenía que hacer grandes intentos por sostenerme sin resbalar.
Llegué a la puerta del instituto, habiendo conseguido no caerme por el camino. En la entrada estaba Álvaro esperándome, como todos los días.
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Holaa^^
ResponderEliminarHe leído el capítulo, está bastante bien, me gusta(:
Creo que he encontrado un fallo en medio del texto o así: "Fui a arreglarme un poco. No tenía buena, se me notaba muy cansada, y mi pelo parecía una maraña."
No tenía buena que? Buena cara, no? xD
Y yo de ti cambiaria el color del enlace donde pone descargar capítulo, que no se ve a menos que le pongas el ratón encima. El diseño en general no está mal pero blogger tiene algunos fondos muy bonitos, creo que quedaría mejor así que en rosa y gris:)
hola, me parece muy bonito tu blog y la historia pinta bien,soy mala criticando, pero te acompañaré en la lectura.
ResponderEliminarMuchas gracias por vuestros comentarios!! :) El 3 capítulo está en proceo :)
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